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Todo indica que el proyecto Raspberry Pi está casi a punto para su lanzamiento: un ordenador del tamaño de una cajetilla de tabaco, con conexiones USB, HDMI, ethernet y audio jack, alimentado con un cargador micro-USB como el de los de los móviles, y fabricado por una fundación benéfica británica con el objetivo de promover la informática en la educación infantil, un tema que en el Reino Unido se ha considerado crucial para la competitividad del futuro y que está dando mucho que hablar. Pero lo que seguramente llame más la atención del proyecto Raspberry Pi: dos versiones de hardware, con precios de $25 y $35.
Hay más información en su página, particularmente en sus FAQ o en su foro, o bien en Wikipedia. Es el concepto de ordenador bare-bones llevado al límite (realmente no es un ordenador, sino una placa computadora, una SBC o Single Board Computer), con lo mínimo imprescindible: un procesador ARM a 700 MHz, 128 ó 256 de memoria RAM, una tarjeta gráfica Videocore 4, y una unidad de almacenamiento consistente en una tarjeta SD. Suficiente para instalar Linux o RISC OS y enchufarle todo el resto de componentes: un monitor (HDMI o composite), un teclado USB y un ratón USB, una antena WiFi (tiene una entrada para cable de red RJ45), almacenamiento externo, etc. Si no quieres enchufarlo a la corriente, puedes incluso utilizarlo con cuatro pilas AA.
Una bajada de las barreras de entrada brutal a la computación, diseñada inicialmente para la educación infantil, pero que está recibiendo mucha atención por lo que supone de poder acceder a un dispositivo semejante a ese precio. Por el momento sólo puedes comprar pegatinas: no aceptan encargos (“estamos bien financiados y no queremos tu dinero hasta que hayamos terminado el producto”), y las condiciones para revendedores no incluyen más descuento que el que se pueda obtener por consolidación logística.
¿Qué puedes hacer con él? De entrada, ejecutar Debian, Fedora o ArchLinux en una tarjeta de memoria, y cualquier programa que pueda ser compilado para la arquitectura ARM v6. Minimalista a tope, pero suficiente para empezar a entrar en contacto con las posibilidades de la computación a una escala disponible para casi cualquier presupuesto… o para otros usos que sin duda van a ir apareciendo desarrollados por la comunidad. La primera versión va incluso sin caja, aunque habrá después modelos disponibles (o te la puedes hacer de Lego que tiene muy buena pinta).
Veremos hasta dónde llega esto.
Marzo negro: Megaupload y el principio de acción y reacción
Acaba de enviarme esto alguien que lo ha visto en Tuenti: dos páginas al respecto, que suman ahora mismo más de cinco mil seguidores. Lo he visto también en páginas y eventos en Facebook en español y en inglés, en Forocoches, en Reddit, y en algunos vídeos en YouTube. No es mal momento para recordar que Megaupload tenía más de ciento ochenta millones de usuarios en todo el mundo.
Mientras, los detractores de la medida también se hicieron oír. Anonymous, el grupo de hacktivistas más conocido de internet, prometió vengar a Megaupload y pocas horas después del cierre, tumbó las webs del Departamento de Justicia de EE UU, del FBI y de las asociaciones estadounidenses de la industria del cine (MPAA) y la música (RIAA). También los estudios Universal y la Oficina de Copyright de EE UU sufrieron ataques.
Es lo que tiene invocar a los demonios…
Ahora más que nunca: manual de desobediencia a la ley Sinde
Lo que ahora hace Estados Unidos con leyes como SOPA o PIPA, lo comenzaremos a sufrir nosotros en marzo, cuando entre en vigor la legislación antidescargas. Obviamente, no va a servir de nada: las páginas que pretendan cerrar podrán ser reabiertas en otros sitios, y los bloqueos que pretendan llevar a cabo para impedir el acceso a las mismas no van a funcionar, salvo que el usuario no sepa hacer la O con un canuto. Demuéstrales que sí sabes documentándote adecuadamente, y recuerda:
“Nada destruye más el respeto por el Gobierno y por la ley de un país que la aprobación de leyes que no pueden ponerse en ejecución”
Albert Einstein
Para saber cómo proceder para invalidar las posibles molestias que podría provocar el absurdo intento de bloquear la red, descárgate este sencillo manual del adjunto, de desobediencia a la ley Sinde” (pdf, 1.5MB, 57 páginas) desarrollado por Hacktivistas y editado por Traficantes de Sueños y el periódico Diagonal.
Aprende a cambiar tus DNS, a configurar un proxy, a configurar y utilizar Tor para navegar anónimamente, a entender para qué sirve una red privada virtual (VPN), y a hacer copias de webs de enlaces mediante Httrack.
Terminado el tiempo de intentar dialogar con quienes en todo momento se negaron a escuchar nuestros argumentos, es el momento para la desobediencia.
El cierre de Megaupload por el FBI es, además de rocambolesco, un auténtico chiste. Defender a Megaupload a estas alturas, o discutir sobre si se trataba de un servicio de almacenamiento digital de cualquier tipo de archivo o se había inclinado hacia el fomento del intercambio de archivos protegidos por derechos de autor resulta completamente trivial. Lo importante es recordar que hace ahora algo más de diez años, en julio de 2000, la justicia norteamericana cerró Napster: ¿qué ha ocurrido desde entonces? El número de clones, variantes y mejoras que han ido apareciendo, espoleados por esa especie de “ley seca” planteada por la industria ha sido elevadísimo, a cada cual mejorando el rendimiento y las prestaciones del anterior. Mirando en retrospectiva, ¿puede alguien en su sano juicio plantearse que el resultado de haber cerrado Napster en el año 2000 haya ofrecido algún tipo de rendimiento positivo? ¿Venden ahora las discográficas más discos gracias a ello? ¿Qué dice Wikipedia sobre la “ley seca”? Textualmente,
"La ley seca, al prohibir el consumo de alcohol y no brindar oferta a la demanda existente, genera mercados negros y dinero negro, los cuales consiguen el licor en otros lugares donde se produce, lo introducen ilegalmente y lo venden para satisfacer tal necesidad a un precio más alto, debido a que en cualquier caso, la demanda sigue siendo más alta que la oferta".
Cerrar Megaupload en medio de una operación con aspecto de película de James Bond es como intentar apagar fuego con gasolina. Una auténtica provocación, un incentivo. Los archivos que hasta hoy se hospedaban en Megaupload no van a tardar ni un dia en encontrar acomodo en otros sitios, bien desarrollados para ese mismo fin, o completamente generalistas. Dedicarse a ir por el mundo cerrando en plan peliculero cada sitio que aparezca y que sirva para hospedar archivos con derechos de autor es equivalente a crear un estado policial, y sólo puede generar una respuesta: un perfeccionamiento progresivo de los métodos de intercambio. Nos hemos hartado de decirlo: la represión no funciona, sólo funciona el mercado.
Si quieren guerra, van a tener guerra: ahora mismo están caídos el Departamento de Justicia, la RIAA, la MPAA, Universal Music y varios sitios más. Pero ¿consiguen con esa guerra algo más que incrementar la escalada armamentística? La experiencia del pasado indica que no. Que por cada página que han cerrado, se han abierto cinco más. No, no se trata de defender a Megaupload. Se trata de defender el sentido común, o al menos, de no demostrar con rocambolescas acciones que es el menos común de los sentidos. Cuando hayan conseguido, por simple principio de acción y reacción, que la mayoría de los usuarios de la red circulen por ella enmascarados, ya veremos cómo hacen para perseguir aquellas cosas que sí eran delitos de verdad.
El cierre de Megaupload demuestra hasta qué punto una industria tristemente inadaptada ha logrado instaurar una “policía del copyright”. Enterrar cientos de miles de dólares de recursos públicos en persecuciones inútiles que no hacen más que empeorar la situación, mientras el concepto de propiedad intelectual basado en la copia hace agua por todas partes, es tan ridículo como pensar que se va a vender más entretenimiento por haber cerrado un servicio web. ¿Perseguirán ahora a Dropbox, servicio con una imagen completamente diferente a Megaupload pero que puede ser utilizado exactamente para lo mismo y que algunos ya llevan tiempo utilizando para pasarse archivos con derechos de autor? ¿O Google, que obviamente sirve para localizarlos? ¿Qué tal perseguir y encañonar a los niños que paseen por la calle con un iPod, para ver si llevan en él algún archivo infractor? Imaginarse a los agentes del FBI entrando en Megaupload en medio de una amplia operación internacional es enfrentarse de repente a la evidencia de que vivimos ya en una de esas sociedades distópicas, enfermas y disfuncionales que un genio como Philip K. Dick retrataba en sus novelas. Ahora, además de genio, podemos tristemente calificarlo de visionario.
The Guardian dedica, dentro de su serie “Digital literacy campaign“, un par de interesantes artículos no al aprendizaje de la programación, sino a la conveniencia de iniciar dicho aprendizaje de forma temprana, incluyéndolo en la educación infantil, en los programas de los colegios.
El primer artículo, “Teach children how to write computer programmes“, habla de lo disfuncional que resulta centrarnos en enseñar a los niños simples herramientas para escribir, calcular o hacer presentaciones que les aburren poderosamente, en lugar de construir un curriculum sólido que aproveche la flexibilidad de su cerebro para conseguir que sean capaces de construir sus propias herramientas. Asociar la creatividad a la capacidad para darle expresión viable convirtiendo ideas en código ejecutable, y hacerlo en la época en la que los conceptos se asientan en el cerebro de una manera natural.
El segundo artículo, “How to teach code“, se centra en la recomendación de herramientas concretas para enseñar a programar, desde recursos como Codecademy, hasta herramientas como Kids Ruby, Scratch y otros . ¿Qué beneficios pueden extraerse de una generación de niños que terminan el colegio con habilidades de programación aprendidas de una manera natural? Y no, no hablamos de la habilidad para programar como único beneficio, hablamos de cosas que va mucho más allá. Cito del artículo:
We’re in an era where computer science is the new Latin. Just as Latin underpinned so many things, computer science is not just about programming, it’s about computational thinking, problem solving, analytics, physics and creating code. Building digital content and intellectual property. Building value in the digital economy.
(Vivimos en una era en la que la informática se ha convertido en el nuevo latín. Así como el latín ha sustentado tantas cosas, la informática no trata únicamente acerca de la programación: hablamos de pensamiento computacional, de resolución de problemas, análisis, física y creación de código. De la creación de contenido digital y de la propiedad intelectual. De la creación de valor en la economía digital.)
Para una nueva era, nuevas necesidades curriculares, empezando desde la educación más temprana. Para pensarlo. Pero sobre todo, para que lo piensen los responsables de diseñar la educación infantil. ¿Puede el colegio de tus hijos ofrecerte algo así? ¿Puedes esperar de un ministro de educación que desprecia la tecnología y la condiciona en función de las demandas y presiones de industrias caducas del entretenimiento que llegue a plantearse mínimamente una reforma semejante?
Es similar al que utiliza Google, pero funciona a una velocidad mucho mayor.
Giuseppe Paparo y Miguel Martín-Delgado, científicos de la Universidad Complutense de Madrid, han presentado un algoritmo relacionado con las búsquedas en la web que puede cambiar el futuro de estas herramientas. Se trata de una “versión cuántica” de un algoritmo de búsqueda, similar al que utiliza Google, pero que funciona a una velocidad mucho mayor. Si bien por ahora solo se lo ha empleado en pequeñas redes, tiene el potencial de convertirse en la piedra fundamental de los buscadores del futuro.
La mayor parte de las búsquedas que actualmente se realizan en la web son motorizadas por el popular buscador diseñado por Google. No hay dudas de que los algoritmos que los programadores de esa empresa han perfeccionado a lo largo de la última década hacen un muy buen trabajo y nos permiten diariamente encontrar prácticamente cualquier aguja dentro del enorme pajar en que se ha convertido internet. Sin embargo, el tamaño de la Red sigue creciendo, y la cantidad de información que hay que manejar para poder brindar un servicio como el de Google aumenta diariamente. Es por eso que muchos investigadores continúan buscando maneras nuevas -y a menudo radicalmente diferentes- de realizar ese trabajo. Dos de ellos son españoles, de la Universidad Complutense de Madrid: Giuseppe Paparo y Miguel Martín-Delgado.
Estos investigadores han presentado una nueva teoría en el campo de los algoritmos de búsqueda en la web que tiene el potencial de revolucionar el futuro de los buscadores. Actualmente, el algoritmo que emplea Google se basa en un sistema llamado PageRank, que proporciona un “puntaje” a cada página basado en la cantidad y “calidad” de los enlaces que se dirigen hacia ella. Cuanto más enlaces se dirijan a tu web, y cuanto mayor sea el numero de ellos que provienen de un sitio con PageRank alto, mejor será tu posición dentro del listado de resultados que arroja el buscador.
Paparo y Martín-Delgado partieron del enfoque elegido por Google y lo llevaron mucho más allá. Desarrollaron una versión cuántica del algoritmo, y publicaron los resultados en un artículo titulado «Google en una red cuántica», el pasado 9 de diciembre. Lo que destaca en el trabajo de estos dos españoles es la velocidad con la que el algoritmo resuelve la búsqueda y presenta los resultados. En las gráficas de rendimiento puede verse como el nuevo sistema producen resultados mucho más rápido que los algoritmos clásicos.
Sería muy complejo explicar en detalle cómo hace su magia este algoritmo cuántico, pero sus autores lo explican como una “cuantificación del protocolo de PageRank”. En sus propias palabras:
«Han existido versiones anteriores de nuestro trabajo, quizás más modestas y diseñadas para el mundo real, otras están en marcha. Lo que introducimos es un escenario donde lo “cuántico” es realizable fuera de la red de Internet actual aunque no hay ordenador cuántico todavía disponible. Lo que hemos encontrado es una instancia de la clase de protocolos cuánticos que superan a su contraparte clásica, que puede romper la jerarquía clásica de las páginas web en función de la topología de la red». Se trata de un trabajo reciente, que deberá ser probado en redes más grandes que las utilizadas para producir estos prometedores resultados, y seguramente pulirlo antes de que se convierta en una aplicación disponible al gran público. Pero viendo como ha crecido Google a partir del desarrollo de su algoritmo seguramente a estos dos españoles no le faltaran ofertas laborales.
La evolución y el futuro de la búsqueda según Google
Me ha gustado mucho este vídeo de Google, “The evolution of search in six minutes“, en el que se puede seguir la evolución de las prestaciones del motor de búsqueda, la incorporación sucesiva de funciones derivada de distintas ideas y acontecimientos, y las tendencias que tienen en la cabeza de cara al futuro.
La idea de “búsqueda social”, de valoración de los resultados en función del comportamiento de los distintos actores o nodos de la red, está en el principio, en la esencia del algoritmo. Y por el momento, parece haberse revelado como el mejor método para establecer un criterio de relevancia, hasta el punto de que quienes intentan competir con Google lo han adoptado también. Mientras la dinámica competitiva sea así, la cosa se reduce a intentar jugar el juego de Google en el mismo terreno que Google ha creado, una misión imposible, como viene demostrándose desde hace ya bastantes años. ¿Pero es el criterio social el único posible, el único existente? Detrás de ese juego de contar y ponderar los enlaces entrantes, hoy enormemente pulido y mejorado, se esconde un sistema que no ha sido todavía superado, pero que tiene, en mi opinión, algunos indudables agujeros. ¿No hay más cosas, más juegos a los que jugar en búsqueda de ese santo grial llamado relevancia? Para mí, esa es la pregunta verdaderamente interesante.
Progreso tecnológico, generación de riqueza y desempleo
Interesantísimo conjunto de lecturas al hilo de las consecuencias para los Estados Unidos de una economía basada en empresas de alta tecnología como Google, Facebook o, especialmente señalada en este caso, Apple: hasta qué punto puede confiarse el desarrollo de un pais a empresas que son habitualmente mucho menos intensivas en mano de obra que la industria tradicional, y qué consecuencias tiene de cara, especialmente, a un problema que en los Estados Unidos ven con creciente preocupación: el desempleo (¡anda que si ven el nuestro!)
Los artículos que me han llamado la atención son los siguientes:
“Cloud centers bring high-tech flash but not many jobs to beaten-down towns“, en The Washington Post, al ver las cifras del nuevo datacenter de Apple en Carolina del Norte: más de mil millones de inversión, una enorme extensión de terreno… pero tan solo cincuenta nuevos puestos de trabajo creados en una de las zonas del país más azotadas por el desempleo, con una tasa superior al 10.5%. A partir de aquí, el tono va creciendo: “The country’s problem in a nutshell: Apple’s huge new datacenter in North Carolina created only 50 jobs“, en Business Insider “We don’t need more tech giants like Apple“, en CPG “Steve Jobs and America’s decline“, en The Economist La línea general parece de primer curso de Economía, pero esconde tras ella la gran paradoja de las economías desarrolladas: los más de sesenta mil puestos de trabajo directos creados por Apple no están únicamente en los Estados Unidos, sino distribuidos por todo el mundo, y a estos se suman en forma de empleo indirecto muchísimos puestos de trabajo en manufactura en países con bajos costes laborales unitarios, en China y el sudeste asiático. Pero las cifras son las que son: entre Apple, Amazon, Google y Facebook en su conjunto, hablamos de un total de 113.000 puestos de trabajo, un tercio de los que una sola compañía, General Motors, tenía en su plantilla en 1980. Si los Macs, iPods, iPhones y iPads que Apple produce tuviesen que ser fabricados en los Estados Unidos a precio de hora de trabajador norteamericano, prácticamente nadie podría siquiera pensar en comprarlos.
¿Generación de riqueza? Indudable. Millones de productos basados en tecnología norteamericana y fabricados por una empresa norteamericana son exportados y utilizados en todo el mundo.
Las dinámicas de generación de riqueza son a veces sumamente complejas. Todo gobierno regional desea intensamente atraer inversión tecnológica: Apple recibió incentivos fiscales de $46 millones de dólares para que instalase su datacenter en Carolina del Sur, y el caso no es en absoluto aislado, sino norma habitual. Pero a cambio, la riqueza que se genera vinculada a esta actividad no es, decididamente, en forma de puestos de trabajo, sino en función de variables mucho más difusas y a más largo plazo: imagen asociada al progreso tecnológico, interés por formarse en puestos relacionados, convertirse en una ciudad relevante en ese sentido, y ser capaz de atraer a otras compañías. Indudablemente, existen beneficios, pero no tienen demasiado que ver con la pauta de generación de riqueza tradicional que mostraban las empresas intensivas en mano de obra “de toda la vida”.
En un mundo globalizado, las empresas desarrollan su I+D donde tienen buen acceso a talento, su fabricación en donde tienen acceso a costes laborales unitarios bajos, y pagan sus impuestos donde les ofrecen mejores ventajas fiscales. Y cada país orienta su posicionamiento para competir en lo que pueda o decida competir: en formación, investigación, desarrollo y calidad de vida para el trabajador intelectual, en sueldos bajos de trabajadores manuales, en ser agresivo en ventajas fiscales, o en otro tipo de factores similares. La capacidad para construir entornos capaces de cristalizar alguna de esas ventajas – pensar en varias de ellas es un reto sumamente complejo – depende de factores múltiples: universidades y centros de investigación capaces de atraer talento y mano de obra especializada, crecimientos demográficos elevados que brinden mano de obra manual, políticas fiscales capaces de ofrecer ventajas en un entorno cada vez más globalizado… las variables ya no son tan sencillas y unívocas como antes.
Negar las ventajas de ser capaz de atraer a la industria tecnológica parecería digno de Ned Ludd. No, en un datacenter, nos pongamos como nos pongamos, no hace falta la misma cantidad de gente que hace falta en una cadena de montaje de automóviles, del mismo modo que en una fábrica de textiles cada telar podía hacer el trabajo de muchos trabajadores manuales. Pero también es claro que la revolución industrial trajo un apreciable incremento en la renta media, en el nivel de vida y en las condiciones de las personas. Parece claro que cristalizar esas ventajas que no surgen en la manera tradicional exige un ejercicio de adaptación muy importante, para nada sencillo, y que no da frutos de manera inmediata. Pero que resulta enormemente necesario hacer.
Decía Einstein que la mente es como un paracaídas. Si no se abre, no sirve para nada. En 1913, Sigmund Freud fue el primer psicoanalista en mencionar y afirmar que para dominar el juego del ajedrez eran requeridos pasos similares a las técnicas psicoanalíticas.
Desde su presumible aparición durante el período Tchang en la antigua China, hace ya 32 siglos (otros historiadores hacen alusiones a referencias datadas en la época Aria –Indostánica- hace 35 siglos), pasando por las elaboradas composiciones árabes llamadas Mansubas (pequeños estudios de mate en dos o tres jugadas con algún tema táctico incorporado), su introducción en Europa por el rey español Alfonso X El Sabio consagra este bello arte hasta lograr su actual consolidación como herramienta avanzada de conocimiento.
El ajedrez desarrolla una memoria visual excepcional, poder combinatorio, velocidad de cálculo, concentración, pensamiento lógico y transversal, además de estructurar las mentes de manera armónica. En los niños, en particular, encauza la hostilidad de manera constructiva y creativa y ayuda a establecer amistades entre sus pares con facilidad.
Jugar al ajedrez previene, a través de su intensa práctica intelectual, el mal de Alzheimer y mejora las estructuras de pensamiento a través de propuestas asertivas.
Es una formidable terapia ante problemas sociales complejos, incrementa la autoestima del jugador y coopera en la resolución de problemas algorítmicos y heurísticos. En el primer caso, a través de la búsqueda de un método gradual que produzca soluciones correctas e irrefutables; en el segundo, ayudando a la simplificación de la resolución de los problemas.
¿Cómo nos puede ayudar a transformar el ajedrez nuestras vidas para que éstas sean mejores? ¿Qué está presente en la sociedad y en el individuo desde que nacemos hasta nuestra partida?
El conflicto es una realidad vital y constante en las relaciones humanas. El ajedrez promueve a través de sus innumerables técnicas soluciones avanzadas para abordar con éxito la gestión de problemas de cualquier índole, ya sean éstos de carácter personal, de pareja, mercantiles, profesionales o aplicables a otros escenarios donde se produzcan tensiones o incertidumbres.
Propone valores como la integración y la tolerancia, además de soluciones de consenso donde prevalezca la negociación y el entendimiento como contrapunto al maniqueísmo, la beligerancia y la violencia.
Es evidente que el éxito en la vida requiere, además de otras cosas, el aprendizaje para encarar los conflictos, desde los cotidianos a los extraordinarios o existenciales. Es triste y lamentable que la enseñanza para afrontarlo no sea parte de la formación que los seres humanos nos damos unos a otros, cuando buena parte de los logros históricos y sociales se han conseguido sobre la base de buscar y hallar soluciones y salidas a los conflictos que no pasen por el recurso a la violencia.
El ajedrez es un juego que en su vertiente científica constituye una oportunidad única de simular el conflicto. Este “simulador de conflictos” que es el ajedrez, es un mecanismo de ida y vuelta. Si nuestra impronta personal queda fijada en la forma en que jugamos, podemos invertir el proceso y abordar nuestras zonas oscuras y nuestras limitaciones a la hora de enfrentarnos al conflicto, aprendiendo nuevos mecanismos de convivencia y soluciones no violentas, y convirtiéndolas en armoniosas, incluso dentro de situaciones adversas.
Con el ajedrez podemos emprender un proceso de reeducación y de regeneración
Podemos apreciar que el conflicto forma parte de la vida sin que su resolución exija la anulación del contrario, la propia, la de terceros, o el recurso a la agresión. Podemos, en un entorno sin riesgos, observar nuestra forma de encarar los conflictos, comprendiendo el porqué de muchas de nuestras reacciones automáticas, de cómo se activan nuestros miedos y de cómo nuestras emociones primarias y heridas no resueltas contaminan nuestra voluntad, haciéndonos ejecutar acciones o permanecer pasivos en perjuicio propio o de terceros. Y apreciado ello, podemos cambiar. Podemos emprender un proceso de reeducación y de regeneración, activando incluso nuevos circuitos neuronales y, por extensión, creando nuevas herramientas para gestionar las situaciones de conflicto. Y para hacer esto ni siquiera es necesario saber leer o escribir. Sólo tener una clara voluntad de querer transformarse y evolucionar.
El ajedrez nos puede proporcionar una nueva luz para reestructurar nuestras vidas, reacciones, visión personal sobre el mundo y la humanidad y para afrontar con mayores perspectivas de éxito personal y colectivo aquellas situaciones vitales más duras y dolorosas, además de encarar los retos de la vida, por difíciles que sean. Para transformar el mundo, debemos primero transformarnos a nosotros mismos.
El ajedrez ayuda a las personas a ser sus propios médicos del alma, mediante su práctica y aprendizaje, a través de este juego que es un maravilloso simulador vital y que promueve la clarividencia más allá de las visiones en blanco y negro.
Los sucesos y acontecimientos se desarrollan en torno a nosotros de forma que nos conectan con relaciones de causa-efecto que son ajenas a nuestro control. Es por ello que el ajedrez educa para solventar con elegancia y corrección, y con una alta observación y precisión quirúrgica, aquellas situaciones que se nos presentan resolviéndolas con técnicas extrapolables a la vida cotidiana.